Trupefolis

Domingo, 23 Agosto 2009. — Proceso, Columnas, 2009

Hasta la fecha, la carrera de payaso teatral es un vacío en las escuelas de teatro en nuestro país. Por ello, en sus diversas modalidades es un actor que suele especializarse generalmente sobre la práctica del trabajo profesional.

Lejos del reiterado menosprecio hacia la figura del payaso como una clase de “actor menor”, al contrario, este requiere una preparación amplia que abarque con cierta profundidad los territorios del arte musical —además del canto y del necesario manejo de voz— a fin de poseer preferentemente la posibilidad de crear o hacer él mismo los arreglos musicales que requiere. 

Egresados de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, el ejercicio profesional de Sylvia Guevara “Lady Lucas” y Mauro Mendoza “Trupo” encuentra su origen en la práctica de payasos silentes en donde vestuario, imagen y gestualidad suscriben el sustento vertebral y legitimatorio de su arte.

Con el tiempo sus personajes fueron adquiriendo carácter y voz sin perder la preponderancia del lenguaje no verbal, y con ello, la música como elemento de producción se ha erigido paso a paso en la categoría de edificación de un vínculo inductor-conductor así como de una suerte de ropaje sonoro inherente a cada una de las historias que cuentan.

De tal manera, la música es hoy en sus espectáculos no sólo un recurso que sostiene el edificio del discurso escénico; es, al mismo tiempo, leit motif indisoluble en la ecuación imagen-sonido-luz-movimiento. 

A lo largo de sus casi treinta años de trayectoria, para la grabación de sus ahora no pocos números musicales, la compañía ha contado con la participación de notables cantantes y músicos del arte popular de los sonidos y silencios.

Así, Iraida Noriega, Verónica Ituarte, Betsy Pecanins, Agustin Bernal, Ernesto Anaya y Armando Montiel son algunos cuyo testimonio ha quedado plasmado no sólo en lo efímero de las funciones sino así mismo en producciones discográficas que la compañía ha realizado. (Vale la pena escuchar el CD La Trouppe. 25 años de diversión. Antología, APCD-608. Ediciones Pentagrama. México, s/año).

Ratificando calidad de un arte focalizado principalmente hacia el público infantil, junto con Marco Antonio Serna “Toño Canica” y Carmen Luna “Noni Pelucas”, Mendoza y Guevara al frente de La Trouppe han estado ofreciendo funciones de su espectáculo Trupefolis. El único cabaret para niños en el Pabellón de Alta Tecnología durante julio y agosto. 

En más de un sentido herederos de la tradición artística de la compañía Rosete Aranda, con su Trupefolis. El único cabaret para niños La Trouppe presenta ahora una porción de escenas de historias o cuentos breves divididos en varios cuadros, cada uno con su propia música original o en arreglos de Marco Antonio Serna.

Como es usual en sus tratamientos, Serna echa mano de hechuras provenientes de fuentes diversas principalmente de la música popular latinoamericana, sin caer en el soslayo de otras vertientes como aquella deliciosa y sutil canción estilo francés para El beso de huitlacoche.

Con conocimiento y elocuencia, el actor-compositor arma el entramado musical con unos cuantos instrumentos acústicos y sintéticos, y con pinceladas que matizan desde un cha-cha-cha, un bossa nova y un danzón, hasta el emotivo son jarocho con arpas y jaranas para Los tres pericos, cumpliendo eficazmente desde diseños melódicos con esquemas sencillos para la estructura de cada una de las piezas. 

Por su calidad, Trupefolis. El único cabaret para niños merece la participación de músicos en vivo y la aplicación de la voz cantada así mismo siempre en el instante. Sin duda, ello puede fortalecer, enriquecer aún más la dinámica veraz de un espectáculo valioso como este en el que la actualización eficaz de los medios que la tecnología ofrece, está al servicio de un atractivo trabajo visual y sonoro.

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