Sub versión de los hechos

Domingo, 09 Septiembre 2012. — Proceso, Artículos, 2012

Agosto terminó y Antonio Malacara Palacios concluyó también su más reciente proyecto, cuya presentación acaba de tener lugar: el libro Sub versión de los hechos. 200 bandas de jazz (Conaculta-Fonca, Gobierno de la ciudad de México, Del. Azcapotzaco, Mucic Frontiers, Polak Records, El Convite, Musitec. México, 2012).

El reconocido periodista de amplia trayectoria en los medios impresos y electrónicos (México Canta, Sinfonoticias, Conversa, Music life…; El Nacional, Unos más Uno, La Jornada…; Radio Fómula, Imevisión, Canal 11 del IPN…) es, sin duda, uno de los mejores y más puntuales entendedores —quasi cronista— del jazz en nuestro país.

Sub versión de los hechos. 200 bandas de jazz viene a completar su primera decena de libros publicados, entre los que destacan: Juan José Calatayud. Modelo para a(r)mar (IVEC-Cultura Córdoba, 2007, Viaje al fondo del jazz (UABC, BUAP, Coyoacán, 2088) y Eugenio Toussaint. Las tangentes, el jazz y la academia (BUA, UV. 2009), reseñado en este espacio (Proceso 1718).

Si bien cada obra de arte es —en rigor— única, por sus características la música primigénia y sus interpretaciones son, así mismo y con mayor razón, irrepetibles. 

Es posible afirmar, entonces, que al interior de la tan fértil como delirante exuberancia de la creación jazzística, cada pieza y cada momento de ella no constituyen sino el más alto rango de simultaneidad técnico-creativa ya que se ponen en juego, precisamente, las capacidades imaginativas y de oficio técnico en el instrumento de cada intérprete que, por lo mismo, es o cuando menos se vuelve una clase de cómplice activo de la creación espontanea.

Ceñirse todavía al día de hoy a esa vieja y equívoca idea de que improvisar en jazz es una modalidad disfrazada de “ai se va”, o “a ver qué sale”, no sólo resulta insostenible sino hasta cierto punto penoso. Improvisar (seriamente) constituye acaso el riesgo más peligroso que cualquier músico puede padecer en proporción directa o incluso multiplicada de sus cualidades y limitaciones, puesto que no se trata de arcifinio alguno ni trabajo de escritorio que permite tiempo para planear, reflexionar y llevar a cabo todo un proceso detallado de artesanado. El improvisador es —debe ser— el más agudo de los creadores en el ámbito musical.

La publicación de Sub versión de los hechos. 200 bandas de jazz se posiciona con relevancia porque es un instrumento más que ayuda a contrarrestar esa inercia que nos hace parecer un pueblo sin memoria.

Con poco más de trescientas páginas, Malacara Palacios ofrece ahora un importante testimonio que documenta buena parte de la historia discográfica del jazz mexicano, en el que casi todos los protagonistas acotan comentarios.

Aquí el lector encontrará fichas que contienen títulos, portadas y músicos participantes en las grabaciones, el año, compañía disquera (números de catálogo no incluidos), nombre de las piezas y sus compositores.

A reserva de la necesaria continuación de este trabajo de recopilación, por lo pronto muchos personajes del jazz (aún) no fueron incluidos. El lector desconoce los criterios de selección. Enhorabuena este libro para la documentación de nuestro jazz.

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