¡Que viva México!

Domingo, 16 Agosto 2009. — Proceso, Columnas, 2009

Para Eufrosina Cruz,
con esperanza intensa… 

 

En medio de la actual crisis financiera mundial, recientemente se exhibió una de las más relevantes películas de nuestra cinematografía y otra cuya temática así mismo tiene que ver con México. 

De alguna manera, la historia de los países es una historia de opresores y oprimidos. Los primeros sustentan el poder, sobre todo el poder económico; los segundos siendo siempre la mayoría, padecen los embates de los primeros en países como el nuestro en el que los poderosos constituyen un sector cada vez más reducido pero con posesión financiera mayor y aglomerada, permeando con ello los —de por sí— difíciles procesos de desarrollo en todas sus vertientes.

En el marco de festejos por sus 49 años, la Filmoteca de la UNAM proyectó Redes (1934), cinta clásica que dirigiera Emilio Gómez Muriel con Fred Zinnemann y música de uno de los más notables compositores de nuestro arte de los sonidos y silencios: Silvestre Revueltas (1899-1940).

Pocos días después, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris tuvo lugar una única función de ¡Que viva México! (1930-32, restaurada en 1979), película silente que el realizador ruso Sergei M. Eisenstein* (1898-1948) y sus colaboradores Gregory Alexandrov y Eduard Tissé trabajaran a partir de una propuesta-invitación del novelista estadounidense Upton Sinclair . 

Una peculiaridad de ¡Que viva México! es que esta ocasión ha sido musicalizada en vivo por Nine Rain y su comandante, el saxofonista Steve Brown.

Igual que ocurre con la música de Revueltas para Redes, la de Nine Rain para la cinta de Eisenstein —concluida años después por Alexandrov—, es una obra con personalidad propia que a través de un discurso lineal hace válidos sus intrínsecos parámetros sonoros.

Desde luego respondiendo en su totalidad al devenir de las imágenes en silencio, la música ha sido necesariamente estructurada en sentido paralelo al discurso cinematográfico pero con una praxis de contraste bidireccional.

En efecto, por un lado, es conducida por las secuencias fílmicas que le dieron origen, pero por otro, su flujo sonoro describe la posibilidad de un soliloquio que delata riqueza autónoma de imaginación creativa.

Por tal razón, es posible —y recomendable— abstraerse igualmente a su audición de forma exclusiva, como un acto de disfrute alternativo y escuchar el disco puesto en circulación por Independent Recordings (¡Que viva México! A soundtrack for the film by Sergei Eisenstein. Conaculta, Fonca, México en Escena, Fonarte, CDDP 142, 2009).

En cierto sentido exótica y exuberante, la música que los miembros de Nine Rain han creado aquí no omite sus propios postulados cuyos recursos idiomáticos se hallan en la transversalidad de lenguajes y tratamientos, en donde lo mismo sonidos modificados de una guitarra eléctrica (de pronto con sonido estilo Ray Cooder) que los de una vihuela, un requinto jarocho y un transductor eólico cohabitan senderos luminosos del jazz, del rock, electrónicos y, en este caso, de músicas tradicionales —y a veces de extracción autóctona— en seminal simbiosis.

De tal forma, encontramos en la música de ¡Que viva México! gesticulaciones sonoras entre lo ritual, lo nostálgico y doloroso, el drama y vínculos con una concepción expandible del arte de los sonidos y los silencios que permite la suficiente abstracción para no permitir frontera alguna más que aquella de la solidaridad con el trabajo de Eisenstein.

Con la elocuencia de títulos como Pirámides, Funeral, Mexico wake up, Coro de lamentos, Fiesta del pulque y La captura, la música de Nine Rain para y a partir de ¡Que viva México! ha sido compuesta e interpretada por Steve Brown (saxofones, clarinete y voz), Alejandro Herrera (vihuela, requinto jarocho, berimbau y voz), Nicolas Klau (sonidos electrónicos y guitarra baja), José Luis Domínguez (guitarras), Daniel Aspuru (teclados, saxofón, batería, transductor eólico) y Oxama (percusión, juguetes y Handsonic). 

 


*Su filmografía abarca reconocidos títulos como Alexander Nevsky (1938) e Iván el terrible, partes I (1943-45) y II (1948-58), entre otros.

 

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